La transformación al comenzar el segundo septenio. La belleza de nuestros niños en plena revolución. Un artículo muy especial y lleno de amor, que debo compartirles! medicina antroposofica.

Hoy encontré este artículo que como mamá de 7 a 8 me ha resonando en todo mi SER. Esta etapa llena de profundisimos cambios en la existencia de nuestros hijos a veces me está dejando perpleja. Este magnífico Doctor Miguel Da Graca Belchior con sus simples expresiones llenas de amorosidad e inspiración espiritual, ha llenado mi actual vaso medio vacío de incertidumbre con certeza. Le pedí compartir su artículo, es tan hermoso realmente que aquí se los quiero dejar a todos

EL LEMA DE NUESTROS HIJOS

Cada fin de año, cuando ya nos preparamos para recibir el nacimiento del niño Jesús, nuestro hijo recibe un regalo, el lema de la escuela. Es un regalo que fue preparado por la maestra con toda su dedicación, con todo su interés, con todo su amor. A lo largo del año  fueron haciéndose una imagen del niño, viendo sus talentos, viendo sus impedimentos, cuales tesoros trajeron y nos los regalan día a día, y que cosas ellos traen como meta a realizar. De allí, de esa imagen, de ese calor, de ese interés por la transformación surge el lema, como el calor que ayuda a realizar sus virtudes y otorga fuerza para vencer aquello que trajeron como meta a realizar. Y en un momento tan especial como en la época de preparación de la Nochebuena, él  lo recibe.

Y desde ese día, cada noche antes de entregarse al sueño, de hacer su viaje celestial, el niño lo recita.

En la etapa en la cual entran los niños en el segundo septenio, hay un cambio muy importante en como es el desarrollo del ser humano. Hasta los 7 años el niño recibe el ritmo desde afuera y a través de la fuerza enorme de imitación, de las fuerzas plásticas de crecimiento y desarrollo, forman su cuerpo de acuerdo al ejemplo recibido desde afuera; el entorno es el alimento espiritual que nuestros hijos tienen y de acuerdo a como sea éste, las condiciones serán más o menos propicias para que la individualidad del niño pueda fortalecerse, tenga el camino allanado para su desarrollo sano.

En el segundo septenio las fuerzas plásticas de crecimiento y conformación del cuerpo,  las fuerzas de la creación del instrumento de la corporalidad anímica, comienzan a retirarse y son otras fuerzas espirituales que comienzan a obrar ahora y ya no desde la cabeza, sino que se introducen más al interior, obran desde el pecho, desde nuestro sistema rítmico. El niño se convierte ahora en un músico, que quiere aprender a ejecutar su instrumento, este cuerpo que con tanto esfuerzo y amor construyó y modeló durante 7 años. Ahora, el niño no solo recibe ritmo desde afuera, el ES ahora ritmo.

Y el  lema es una oportunidad maravillosa de apoyar a este músico en ese aprender a tocar su instrumento, a apoyar a estas fuerzas espirituales musicales en su obrar. La palabra (WORT, en alemán) nos crea y luego se convierte  en nosotros en respuesta (AntWORT), y después  hay que ver si esa palabra es adecuada y está a la altura haciéndonos capaces de responder (responsabilidad: VerantWORTung). A la palabra, al verbo le debemos que se realice en nosotros la encarnación del Yo. El Yo se encarna con la educación del habla en la sangre y se hace cuerpo.

Durante meses, en las vacaciones de verano,  en la tranquilidad del hogar, en la calma de la noche, durante la preparación del encuentro con su ángel durante el dormir, el niño junto a sus padres recita el lema. Los padres, sus hermanos, sentados con tranquilidad, en quietud, con recogimiento esperan que el niño se pare firme en sus dos pies, con el pecho abierto, la mirada libre y amorosa dirigida a sus seres amados, y al llegar el momento, comienza a recitar desde la profundidad interior el lema. El padre, la madre están atentos, pues su tarea ahora es ayudar a transformar aquello que comienza. A veces es recitado demasiado lentamente, a veces demasiado rápido, bajito, fuerte, al principio no lo recuerda, entonces lo dicen en conjunto hasta que es aprendido; como siempre el camino en la vida con nuestros hijos,  es caminar juntos, hasta que lenta y progresivamente vamos alejándonos, soltándolos, pero acompañándolos en confianza y con el corazón, mientras ellos, cada vez más, logran   transitar solos su camino.

A veces el niño no tiene  ganas de decirlo, entonces podemos recordar con gratitud y veneración, de cómo el maestro con todo su amor y dedicación preparó este lema, recordar el momento sagrado en la cual fue entregado, cuando el maestro y el niño, tomados de la mano y con el encuentro de sus miradas, el lema fue dicho por vez primera, entonces puede despertarse la alegría de saber que pronto el podrá devolver todo esto una mañana, en la escuela, a su amada maestra.

El lema no solo es la imagen del niño, no solo contiene la fuerza de la transformación, tiene un ritmo, una métrica, una forma de decirlo; el ritmo sana, el ritmo cura, el decir el lema con ritmo ayuda al niño a aprender a respirar, es decir, ayuda a esa individualidad a hacerse dueño de su cuerpo. Cuando inspiramos todo nuestro cuerpo se llena de aire, se llena de esa alma que entra y obra en nosotros y al recitar vuelve a salir, sale transformada, sale con nuestra esencia modelada, es nuestra individualidad que sale y obra, sale y quiere decir al mundo quien es, que quiere transformar al mundo, que quiere cumplir su meta, que a través de su instrumento quiere tocar la más bella melodía.

Y allí está ahora el maestro. Semana tras semana está afinándolo, frenando cuando hay que frenar, acelerando cuando hay que acelerar, ayudando a expresar a esa individualidad más fuertemente cuando el recitado es casi inaudible, ser el sostén cuando por miedo no puede expresarse. Ayudando a pronunciar cada vocal, cada consonante, de la mejor manera, aprendiendo a degustarlas, a acariciarlas, a amarlas.

Imagínense, el aula casi a oscuras, apenas se ve, entonces el encargado de las velas cumple su cometido y la luz inunda el aula con sus rayos. Y en ese día de su llegada, ese ser toma la decisión de ir hacia el frente, cobijado por sus compañeros y  su maestra, camina solo hacia el frente.

Imagínense, es un momento muy fuerte, que puede despertar en ellos inseguridades, miedos, pero también despierta el valor de YO PUEDO, YO QUIERO, y no estoy solo, tengo mi maestra, mis compañeros, mi ángel y tengo el amor de mi familia que me acompañan en este momento tan sagrado y solemne. Y al dar vuelta y enfrentarse hacia todos, recuerda todos esos momentos que vivió en la tranquilidad y alegría de su hogar, con su familia y esto lo ayuda a pararse firme y fuerte, tomar aire y con el acompañamiento de todos recitar el lema.

Al finalizar el año no solo se lleva cada niño su lema, sino que se lleva consigo el lema de todos sus compañeros. En el momento del recitar, no solo es el niño que recita el lema quien llena el aula de esa melodía, todos los niños, pero en silencio, lo recitan con él. Nosotros no solo oímos con el oído, oímos con todo nuestro cuerpo y con cada palabra, con cada frase, con esa imagen que contiene las virtudes de cada uno y con esa fuerza que conlleva la fuerza de la transformación, cada niño que está escuchando vibra, resuena, incorpora en sí, los regalos y las fuerzas de todos los lemas que día tras día, en forma de ritmo semanal actúa en su interior transformando su exterior. Y es hermoso de ver la importancia que ellos le dan, cuando al finalizar la mañana  y van a sus casas, cuando se encuentran entre ellos, buscan recitar los lemas de cada otro niño, buscan esas fuerzas, buscan el amor que los ilumina cada vez que ellos los recitan.

MIGUEL AMADEO DA GRACA BELCHIOR médico pediatra, médico escolar y padre

Pueden encontrar más al respecto en el siguiente enlace: http://www.medicosescolares.com.ar

Además el Dr. Da Graca Belchior participa en una formación para Médicos escolares en Buenos Aires, a la cual creo que quienes puedan asistir serán realmente unos privilegiados. Les comparto la última información

 

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